La aviación egipcia inicia la caza de los terroristas de Daesh en sus bases del Sinaí

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Dos niños junto al calzado de los fieles asesinados el viernes en una mezquita sufí de El Arish

Al Sisi promete una «venganza brutal» contra el comando yihadista que asesinó el viernes a 305 fieles sufíes, portando una bandera de Daesh.

Días de duelo nacional en Egipto tras sufrir el mayor atentado de su historia moderna, mientras las fuerzas armadas intensifican sus operaciones en el Sinaí como respuesta a la operación yihadista contra una mezquita en la que 305 personas perdieron la vida, entre ellas 27 niños. El presidente, Abdul Fatah Al Sisi, prometió “venganza” y una “respuesta brutal” tras el atentado. La aviación egipcia “logró perseguir a los terroristas y destruyó varios vehículos que participaron en brutal ataque y sus ocupantes murieron”, anunció por su parte el portavoz del ejército Tamer Rifai sin dar mayores detalles.

Esta información, como toda la que llega del Sinaí, es imposible de contrastar ya que esta parte del país está cerrada a la prensa nacional e internacional y es un enorme agujero negro informativo en el que se desarrolla desde hace años una guerra sin testigos.

El Ejército egipcio decretó el toque de queda en Bir Al Abde, localidad en la que se encuentra la mezquita de Al Rauda, que fue el objetivo de un ataque que, hasta el cierre de esta edición, no ha reivindicado ningún grupo. La fiscalía ofreció los primeros detalles de la investigación e informó, según recogió la agencia oficial Mena, que “entre 25 y 30 elementos takfiríes (radicales)” tomaron parte en el atentado del viernes, día sagrado para los musulmanes, e izaron “la bandera del Daesh”, acrónimo en árabe del grupo yihadista Estado Islámico (EI).

La fiscalía describió también el modus operandi de un comando que llegó a la zona en el momento del inicio de la oración más importante de la semana “en cinco vehículos todoterreno”, y se desplegó de tal forma que bloqueó puertas y ventanas del templo antes de disparar de forma “indiscriminada” con armas de fuego automáticas contra los fieles. Los atacantes iban ataviados con ropa de camuflaje militar y con camisetas negras.

Sello yihadista

Además de ordenar los primeros ataques aéreos, Al Sisi convocó una reunión de urgencia con los responsables de su cúpula de seguridad para analizar las respuestas posibles. El presidente cambió recientemente a sus encargados de seguridad, mantiene el estado de emergencia en el Sinaí desde octubre de 2014, tras un atentado en el que murieron 33 militares, ha logrado un acuerdo con las tribus locales para que cooperen en la lucha contra los grupos extremistas y las operaciones militares son constantes, pero no es suficiente para detener los atentados.

Al Sisi es también el impulsor del acuerdo de reconciliación entre Fatah y Hamás, facción islamista palestina que controla Gaza y a la que Egipto acusaba de suministrar armas a los grupos extremistas del Sinaí. Con este acuerdo palestino, unido al sellado casi absoluto de los túneles que salían de la Franja hacia territorio egipcio, se busca también debilitar a la insurgencia.

Pese a la falta de un comunicado para reivindicar el atentado en la península del Sinaí, expertos como Timothy Kaldas, profesor de la Universidad Nilo de El Cairo, aseguraron que “cumple con todos los patrones de las acciones de Daesh”. En declaraciones recogidas por la cadena catarí Al Yasira, Kaldas subrayó que “es otro ataque contra los sufíes al norte del Sinaí. Potencialmente, podríamos hablar de una venganza dirigida a las tribus por su cooperación en la lucha contra Daesh”.

Las voces más críticas lamentan que la única respuesta de El Cairo es la militar e insisten en que solo con los bombardeos no se conseguirá doblegar a unos grupos extremistas que han encontrado un auténtico santuario en las montañas del Sinaí.

Los primeros ataques ocurridos en el Sinaí tras el golpe militar de Al Sisi contra el gobierno de los Hermanos Musulmanes estaban dirigidos exclusivamente a las fuerzas de seguridad, pero desde 2014 la influencia del Daesh es cada vez más fuerte y turistas y civiles se han convertido en el blanco de las operaciones armadas.

Sufismo como objetivo

El sello de los seguidores del califa ha añadido el carácter sectario a los ataques y cristianos y musulmanes sufíes son sus últimas víctimas. La mezquita atacada en Bir Al Abde es uno de los centros más importantes en la región para los sufíes –una corriente del islam mística y alejada de la ultraortodoxia que predican los wahabíes–, que para Daesh son herejes.

En la propaganda del grupo son frecuentes los mensajes en contra de esta corriente y en una reciente entrevista con el responsable de la “policía de la moral” del grupo en el Sinaí, difundida en las redes sociales, advirtió que “nuestra prioridad es combatir las manifestaciones de politeísmo, incluido el sufismo”. Para Daesh, el sufismo es una “enfermedad” y su primer gran ataque contra esta forma de entender el islam lo realizó en febrero contra el santuario de Lal Shahbaz Qalanda, en la provincia paquistaní de Sind. Murieron al menos a 88 personas y fue el primer aviso mortal antes de la masacre de Egipto.ABC.ESSilueta zorrete transparente-pequeña

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