Parashat Vayelej.

Cada preciado momento – Vaielej

Parsha El Midrash nos dice que Moisés fue de una tribu a otra consolando al Pueblo Judío a causa de su muerte inminente

Por: Rabino Lazer Brody
06/10/2016, 21:27

“Y Moisés se fue…” (Deuteronomio 31:1)

De dónde se fue Moisés?

El Midrash nos dice que Moisés fue de una tribu a otra consolando al Pueblo Judío a causa de su muerte inminente (de Moisés). Él sabía que había cumplido ya su misión en la tierra y que era momento de “cruzar el puente” y pasar el mundo espiritual. Moisés, al igual que muchos grandes tzadikim después de él, poseía un nivel tan prodigioso de conciencia espiritual que supo cuándo se acabó su tiempo en este mundo. Él había nacido el 7 de Adar del año 2368. Esto está corroborado en toda la Torá, pues aprendemos del Libro de Éxodo que Moisés tenía ochenta años cuando Hashem lo convocó para que liderara al pueblo judío al salir de Egipto en el año 2448. Los judíos deambularon por el desierto cuarenta años y ahora están a punto de ingresar en la Tierra de Israel bajo el liderazgo de Yehoshúa, el 15 de Iar de 2488, dos meses después de la muerte de Moisés.

Imagínense cuánto tiempo uno tarda en despedirse de los líderes y de los ancianos de trece tribus. Sin embargo, eso fue después de que Moisés diera su famoso discurso y su lección ante toda la nación el mismo día. Ese el discurso que más impresión causó en toda la historia de la humanidad, más que cualquier otro discurso desde el comienzo hasta el final de la historia. Hoy en día, este discurso es conocido como el Libro de Deuteronomio. Es verdad – Moisés pronunció todo este discurso el último día de su vida.

Esperen, todavía no hemos terminado.

Cuando Moisés se despidió de las tribus, le dio a la tribu de Levi un rollo de Torá que había escrito él mismo ese mismo día. Los levitas, entre quienes se contaban los sacerdotes, los kohanim, estaban destinados a ser los líderes espirituales del pueblo judío. Ciertamente iban a necesitar una copia de la Ley Escrita para tener a mano. Entonces las otras tribus protestaron: “¿Qué es esto? ¿Le estás dando tratamiento preferencial a tu propia tribu, a los levitas? ¿Y qué hay de nosotros? ¡Nosotros también queremos la Torá!”. Moisés se complació ante tal demanda. El Midrash nos cuenta que entonces se sentó y se puso a escribir otros doce rollos de la Torá más.

Pensemos que un escriba normal de carne y hueso puede escribir un rollo de Torá en un año. Un escriba extremadamente veloz puede escribir un rollo de la Torá en seis meses. Pero Moisés escribió trece en un solo día, además de enseñar Torá durante varias horas y además de tener audiencias con todas las tribus y sus ancianos. Este es el mismo Moisés que pasó cuarenta días y cuarenta noches en tres ocasiones distintas, junto a Hashem en la cima del Monte Sinaí, cuando ni comió, ni bebió ni durmió.

¿Por qué estudiamos todo esto en la Parashat Vaielej y los Midrashim correspondientes, que normalmente se leen en Shabat Shuvá, el Shabat de arrepentimiento que tiene lugar entre Rosh Hashaná y Yom Kipur? Hashem no espera que escribamos un rollo de la Torá en un solo día o que hagamos aunque sea un dos por ciento de todo lo que hizo Moisés en un solo día. Pero Hashem nos está mostrando lo que significa vivir una vida plena. Es por eso que la Torá enfatiza que Moisés fue un ser vibrante hasta su último instante en este mundo: Moisés no desperdició ni un segundo. Y si no me equivoco, este es el principal motivo por el que deberíamos hacer teshuvá, y en especial en los Diez Días de Arrepentimiento. Cuánto tiempo perdemos cada día, cada año? Cuántos momentos irreemplazables perdimos en cosas sin importancia o en actos prohibidos?

Muchos alegan que no tienen tiempo para estudiar Torá, para rezar en un quórum o para hacer actos de benevolencia. Pero cuando le digan eso al Tribunal Celestial, ellos les van a mostrar cada detalle de cada segundo que se pasaron leyendo el diario o mirando Facebook.

Lo bueno es que cuando nos juzgamos a nosotros mismos acá en este mundo, no se juzga Arriba. Hashem quiere que aprendamos del uso del tiempo de Moisés. Ese es el secreto del aprovechamiento del tiempo, algo a lo que todos deberíamos aspirar en este prometedor Nuevo Año. Gmar Jatimá tová!

De dónde se fue Moisés?

El Midrash nos dice que Moisés fue de una tribu a otra consolando al Pueblo Judío a causa de su muerte inminente (de Moisés). Él sabía que había cumplido ya su misión en la tierra y que era momento de “cruzar el puente” y pasar el mundo espiritual. Moisés, al igual que muchos grandes tzadikim después de él, poseía un nivel tan prodigioso de conciencia espiritual que supo cuándo se acabó su tiempo en este mundo. Él había nacido el 7 de Adar del año 2368. Esto está corroborado en toda la Torá, pues aprendemos del Libro de Éxodo que Moisés tenía ochenta años cuando Hashem lo convocó para que liderara al pueblo judío al salir de Egipto en el año 2448. Los judíos deambularon por el desierto cuarenta años y ahora están a punto de ingresar en la Tierra de Israel bajo el liderazgo de Yehoshúa, el 15 de Iar de 2488, dos meses después de la muerte de Moisés.

Imagínense cuánto tiempo uno tarda en despedirse de los líderes y de los ancianos de trece tribus. Sin embargo, eso fue después de que Moisés diera su famoso discurso y su lección ante toda la nación el mismo día. Ese el discurso que más impresión causó en toda la historia de la humanidad, más que cualquier otro discurso desde el comienzo hasta el final de la historia. Hoy en día, este discurso es conocido como el Libro de Deuteronomio. Es verdad – Moisés pronunció todo este discurso el último día de su vida.

 

Esperen, todavía no hemos terminado.

 

Cuando Moisés se despidió de las tribus, le dio a la tribu de Levi un rollo de Torá que había escrito él mismo ese mismo día. Los levitas

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entre quienes se contaban los sacerdotes, los kohanim, estaban destinados a ser los líderes espirituales del pueblo judío. Ciertamente iban a necesitar una copia de la Ley Escrita para tener a mano. Entonces las otras tribus protestaron: “¿Qué es esto? ¿Le estás dando tratamiento preferencial a tu propia tribu, a los levitas? ¿Y qué hay de nosotros? ¡Nosotros también queremos la Torá!”. Moisés se complació ante tal demanda. El Midrash nos cuenta que entonces se sentó y se puso a escribir otros doce rollos de la Torá más.

 

Pensemos que un escriba normal de carne y hueso puede escribir un rollo de Torá en un año. Un escriba extremadamente veloz puede escribir un rollo de la Torá en seis meses. Pero Moisés escribió trece en un solo día, además de enseñar Torá durante varias horas y además de tener audiencias con todas las tribus y sus ancianos. Este es el mismo Moisés que pasó cuarenta días y cuarenta noches en tres ocasiones distintas, junto a Hashem en la cima del Monte Sinaí, cuando ni comió, ni bebió ni durmió.

 

¿Por qué estudiamos todo esto en la Parashat Vaielej y los Midrashim correspondientes, que normalmente se leen en Shabat Shuvá, el Shabat de arrepentimiento que tiene lugar entre Rosh Hashaná y Yom Kipur? Hashem no espera que escribamos un rollo de la Torá en un solo día o que hagamos aunque sea un dos por ciento de todo lo que hizo Moisés en un solo día. Pero Hashem nos está mostrando lo que significa vivir una vida plena. Es por eso que la Torá enfatiza que Moisés fue un ser vibrante hasta su último instante en este mundo: Moisés no desperdició ni un segundo. Y si no me equivoco, este es el principal motivo por el que deberíamos hacer teshuvá, y en especial en los Diez Días de Arrepentimiento. Cuánto tiempo perdemos cada día, cada año? Cuántos momentos irreemplazables  perdimos en cosas sin importancia o en actos prohibidos?

 

Muchos alegan que no tienen tiempo para estudiar Torá, para rezar en un quórum o para hacer actos de benevolencia. Pero cuando le digan eso al Tribunal Celestial, ellos les van a mostrar cada detalle de cada segundo que se pasaron leyendo el diario o mirando Facebook.

 

Lo bueno es que cuando nos juzgamos a nosotros mismos acá en este mundo, no se juzga Arriba. Hashem quiere que aprendamos del uso del tiempo de Moisés. Ese es el secreto del aprovechamiento del tiempo, algo a lo que todos deberíamos aspirar en este prometedor Nuevo Año. Gmar Jatimá tová!

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